Nacho y el Adarve


A Nacho y a mí no nos unió el colegio, ni el fútbol, ni la universidad. Nos unió el Adarve. Cuando enviamos un correo a una web desierta, para escribirles las crónicas de su equipo de fútbol. Al otro lado dimos con el tío más despierto del planeta. Pepinho, que nos abrió los ojos y nos descubrió dos mundos por dentro: el del fútbol y el de Twitter.